Un manantial se secó
En la sequía de 2024, la comunidad se quedó sin agua.
Por qué importa. De esa crisis nació el Camino del Agua: una señal fuerte puede organizar a todo un territorio.
En La Huerta, Yuridia lleva la cuenta de la lluvia con un hilo.
Cada día ensarta una cuenta. Azul si llovió.
Color barro si no.
Cada cuenta guarda algo más: la nube, el rayo que tumbó la luz, la planta que brotó.
Al cerrar la luna, una cuenta más grande lo resume.
DeslizaAquí Yuri dejó de dibujar: “se veía la mitad bonita de dibujos y la mitad así”.
Un año escuchando al agua en la cuenca de Valle de Bravo – Amanalco
Lo que necesitamos para cuidar al agua está en y entre quienes la habitan.
Lo difícil es organizarnos para que llegue donde y cuando se necesita.
En el bosque, el micelio resuelve esto todos los días: escucha señales bajo la tierra y lleva nutrientes justo a donde hacen falta.
Los lenguajes del agua es un piloto para que el cuidado de la cuenca funcione así: que quienes viven con el agua la registren a su manera, y que esas señales lleguen a quien puede responder.
Cuando las señales llegan a tiempo, los recursos dejan de diluirse y llegan a donde hacen falta.
Un día, una cuenta. El collar es una forma de anotarlo; también puede ser un dibujo, un relato o una foto.
29 días, una luna. El collar lleno cabe en una cuenta más grande.
Tres lunas, una estación. En cada solsticio y equinoccio, la gente se reúne.
Todo llega a la cuenca: el territorio cuya agua escurre hacia un mismo lugar, aquí la presa de Valle de Bravo. Cuando las escalas se juntan, se escuchan los distintos tiempos.
El agua habla en muchos ritmos. La escuchamos en cuatro escalas, y cada una cabe en la siguiente.
Elige una escala para empezar, o sigue bajando para recorrerlas en orden.
Todo empieza con alguien que pone atención y lo anota. En La Huerta encontramos dos maneras de hacerlo.
Yuri pinta en cada cuenta lo que vio ese día. Toca una cuenta y escúchala contarlo.
“Yo desde aquí empecé: era un día que estaba nublado, con muchas nubes.”
Azul: días con lluvia. Barro: días secos. Las azules lisas son días de lluvia que Yuri ya no dibujó.
Cada semana, niñas y niños recorren el mismo camino hacia el manantial. Dibujan lo que ven y, al volver, escriben juntos un cuento que resume el día.
Caminar una y otra vez el mismo lugar también es registrarlo: lo que cambia salta a la vista.
Lo que se anota cada día, al cerrar la luna se vuelve una pieza que lo resume.
¿Por qué la luna y no el mes?
Para observar al ritmo de la Tierra, no al del calendario.
Cada pieza tiene una forma fija que se repite luna tras luna. Lo que cambia son los huecos: ahí queda lo que esa luna trajo.
Cada luna es una estrofa de un largo poema. La forma no cambia; lo que cambia son las palabras que caen en los huecos.
Colibrí orejas blancas, el más visto en la cuenca
La tercera luna nueva
en el tiempo del verano,
de abutilón bebí el néctar
entre cantos;
visité un toronjil rosa
y el geranio
cuando neblina cayó
cerro abajo.
Sigue bajando: las palabras de esta luna caen en los huecos.
Catorce versos fijos. Cada luna, la misma forma; lo que cambia son las palabras que trajo.
Cuando del año la mitad fue tiempo
y el manantial anduve de la huerta
se asentó la neblina en la cubierta
y hubo lluvia y granizo desde el cielo.
…
Sigue bajando: se encienden las palabras de esta luna14 versos · en azul, lo que trajo esta luna
Esta escala apenas empieza: el registro lunar se está probando en La Huerta para llevarlo a los demás nodos.
Cuatro veces cada año, en solsticios y equinoccios, gente de distintos lugares de la cuenca se reúne a compartir. Iniciamos en el equinoccio de primavera.
A cada uno de esos lugares le llamamos nodo: un punto de la cuenca donde se encuentran los caminos de las personas y del agua.
Existía una relación previa con la Universidad del Medio Ambiente a través de un proyecto de innovación educativa, El Juego de los Nómadas, que llevaba años gestándose. De ahí surgió también un vínculo con Nuria, del Centro Comunitario Alternativo en Los Álamos.
Durante la sequía de 2024, La Huerta se quedó sin agua.
Se establece una relación con la Universidad del Medio Ambiente como administradora y consultora del proyecto.
La sequía dio origen a El Camino del Agua. Lenguajes del Agua se encuentra con la comunidad de La Huerta San Agustín y con Centro Viva, El Humedal y Valle Paralelo. Antes del primer encuentro, Mauricio se muda a Rincón de Estradas.
El primer encuentro ocurre en la Universidad del Medio Ambiente, en abril. Se suman el Observatorio Ciudadano y ProCuenca.
Recorremos los manantiales de Amanalco y Expediciones Amanalco se vuelve un nodo activo.
Valle Paralelo abre sus puertas para recibir el tercer encuentro. En septiembre nos hicieron parte del Observatorio Ciudadano.
El año cierra con nueve nodos activos. Toca cualquiera para conocerlo.
Toca un nodo para ver su ficha.
Cada uno en un lugar distinto de la cuenca. Abre uno para ver dónde fue, quién llegó, qué pasó y qué se dijo.
Cuando las observaciones, lo escuchado y las distintas formas de expresarlo de cada lugar se juntan, podemos comenzar a leer los signos vitales de la cuenca: ¿qué nos dice el agua del territorio?, ¿qué necesitamos compartir? y ¿cómo organizarnos?
Separados, son voces sueltas. Juntos, la cuenca se escucha.
Lo que de verdad pasóLas mismas cuatro escalas, ahora con lo que de verdad pasó.
Día. El collar de Yuri desde octubre hasta la fecha y las caminatas de enero hasta la fecha.
Luna. Las lunas pasaron, pero el registro lunar apenas empieza. Llevamos 3 lunas en agosto, septiembre y octubre con el samborojo.
Estación. Tres encuentros, y cada vez llegó más gente: 17, 29, 38.
Red. De un nodo a nueve en un año.
Antes de medir había que caminar juntos y ganarse la confianza. Por eso fueron primero las estaciones y después las lunas.
Al principio preguntamos dónde y cuándo hace falta cuidar el agua.Un año no alcanza para una respuesta completa. Pero ya hay señales.
En la sequía de 2024, la comunidad se quedó sin agua.
Por qué importa. De esa crisis nació el Camino del Agua: una señal fuerte puede organizar a todo un territorio.
La Huerta está entre tres ranchos. Uno cerró el paso que usaba la comunidad: salir tomaba 23 minutos y ahora toma más de una hora. En Los Álamos cortaron caminos hacia el Temporal por la compra de ranchos.
Por qué importa. El acceso a la tierra también es acceso al agua y a la vida diaria.
Al fragmentarse y privatizarse el ejido, se desvían manantiales y cambia el cauce. Lo vimos en el recorrido con Expediciones Amanalco.
Por qué importa. Una presión que no se ve en un mapa, pero sí caminando.
Las lluvias ya no llegan cuando llegaban. Antes se sembraba la milpa en un momento preciso para que la cosecha coincidiera con ciertas fechas; ahora esos ciclos se movieron, y con ellos los rituales y las prácticas que los acompañaban.
Las lluvias ya no llegan en madres ni se van en muertos.
Desde hace tiempo no vemos la figura de la virgen en la cascada; no sabemos si es porque cae menos agua o algo pasó más arriba en la cuenca.
Antes empezaba a llover en la segunda semana de marzo, cuando el padre bendecía a los borregos en San Juan.Voces de los guías de Expediciones Amanalco: Jero, Fide, José Manuel, Eusebio e Irene
Por qué importa. Las personas reconocen los cambios de muchas formas. Una presión que no se ve en un mapa, pero sí caminando.
La siguiente cuenta la pones tú.
Toca el lugar vacío para escoger tu cuenta
El año que viene empieza con tu cuenta.
Toca tu cuenta para cambiarla
Un lenguaje común no se decreta.Se teje con el tiempo.
“No vamos haciendo el mismo camino, pero vamos juntos.”
Voz del Encuentro III
A todas las personas y organizaciones aliadas que han participado en los encuentros, nutrido las conversaciones y hecho posible la construcción colectiva de este sistema de información.
Los lenguajes del agua · primer ciclo, noviembre 2025 – octubre 2026 · Cuenca de Valle de Bravo – Amanalco, Estado de México
Con el acompañamiento de la Universidad del Medio Ambiente y el apoyo de la Fundación Diez Morodo